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Un Corazón Agradecido
La gratitud es una virtud que revela la madurez espiritual del creyente. En un mundo donde muchos se acostumbran a recibir sin agradecer, el cristiano está llamado a reconocer cada favor, cada provisión y cada persona que Dios pone en su camino como un instrumento de Su gracia.
El apóstol Pablo escribió: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18). Ser agradecidos no es una sugerencia, es una instrucción divina. Dios desea que vivamos conscientes de que todo lo que tenemos —vida, salud, oportunidades, familia, sustento— proviene de Su mano generosa.
La gratitud hacia Dios abre puertas que la queja cierra. Un corazón agradecido no se enfoca en lo que falta, sino en lo que ya ha recibido. Cuando damos gracias aun en medio de la prueba, demostramos que confiamos en el carácter de Dios, no en las circunstancias.
Pero la gratitud no solo debe dirigirse hacia el cielo, sino también hacia las personas que Dios usa aquí en la tierra. Hay hombres y mujeres que han sido canales de bendición: un amigo que nos tendió la mano, un hermano que oró por nosotros, un maestro que nos enseñó, o un líder que nos corrigió con amor. Ser agradecidos con ellos también es una forma de honrar a Dios, porque Él obra a través de la gente.
Jesús mismo mostró gratitud. Antes de multiplicar los panes, dio gracias (Juan 6:11). Antes de resucitar a Lázaro, oró diciendo: “Padre, gracias te doy porque me has oído” (Juan 11:41). Su ejemplo nos enseña que el agradecimiento debe preceder al milagro, no solo seguirlo.
Cuando olvidamos agradecer, endurecemos el corazón. Pero cuando cultivamos la gratitud, creamos un ambiente donde el gozo y la bendición florecen. Agradecer nos mantiene humildes, reconociendo que nada de lo que tenemos es por mérito propio, sino por la gracia de Dios y el favor de aquellos que Él usa para ayudarnos.
Hoy te invito a detenerte un momento y pensar: ¿a quién deberías agradecer? ¿A quién Dios usó para sostenerte, aconsejarte o levantarte en un momento difícil? No dejes pasar la oportunidad de expresarlo. Un simple “gracias” puede sanar, fortalecer y renovar la esperanza en quien lo recibe.
Y sobre todo, recuerda que el agradecimiento diario a Dios transforma nuestra vida. Cada amanecer es un regalo, cada respiración una prueba de Su amor. Un corazón agradecido siempre verá motivos para alabar.