articulos destacados
Ministerio internacional de avivamineto
La prosperidad que viene de dios
En un mundo donde la prosperidad suele medirse por la cantidad de bienes materiales que alguien posee, es necesario recordar que la Biblia nos enseña un concepto mucho más profundo y verdadero. La prosperidad no se trata solamente de riquezas, sino de vivir bajo la bendición y dirección de Dios en todas las áreas de nuestra vida.
Josué 1:8 declara: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” Aquí vemos que la verdadera prosperidad está ligada a la obediencia y meditación en la Palabra del Señor.
El rey David también escribió: “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:3). Esta prosperidad es integral: abarca la vida espiritual, emocional, familiar, laboral y material, porque fluye de una vida arraigada en Dios.
Muchos confunden prosperidad con abundancia desmedida, pero la prosperidad bíblica es tener lo necesario, vivir en paz, disfrutar del fruto del trabajo y, sobre todo, caminar bajo la bendición del Señor. 3 Juan 1:2 expresa el deseo de Dios para sus hijos: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”
La prosperidad genuina no depende de las circunstancias externas, sino de la relación que tengamos con Dios. Es posible ser próspero aun en medio de pruebas, porque quien confía en el Señor sabe que tiene su provisión asegurada y que nada le faltará.
Si hoy anhelas prosperidad, busca primero al Dador y no solamente las dádivas. Cristo mismo nos enseña en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” La prosperidad verdadera comienza en el alma, y desde allí se expande a cada área de la vida.