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Ministerio internacional de avivamineto
La paz que el mundo no conoce.
En medio de un mundo lleno de conflictos, noticias de violencia y corazones cargados de ansiedad, hablar de paz parece un ideal distante. Muchos la buscan en la estabilidad económica, en las relaciones humanas o en un ambiente libre de problemas, pero la Biblia nos enseña que la verdadera paz no depende de las circunstancias externas, sino de la presencia de Dios en el corazón.
Jesús lo expresó con claridad: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Estas palabras fueron dichas en un momento difícil: la víspera de su arresto y crucifixión. No era un tiempo de calma, sino de tensión, sin embargo, Él asegura que su paz trasciende lo que el ojo humano percibe.
La paz de Cristo es un regalo, no un mérito. Es fruto de la confianza en que Dios tiene el control aun cuando el entorno se sacude. Es esa serenidad interna que nos permite dormir tranquilos cuando no sabemos cómo será el mañana, porque sabemos quién sostiene el mañana.
El apóstol Pablo también nos recuerda que “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). No es una paz lógica ni humana, sino sobrenatural. Esa paz actúa como un guardián en nuestra mente y corazón para que el miedo, la duda o la desesperanza no tomen el control.
Hoy, más que nunca, el cristiano está llamado a ser un portador de paz. No solo a experimentarla en lo personal, sino a reflejarla en su familia, en su trabajo y en la sociedad. Somos embajadores de Aquel que venció al mundo, y nuestra actitud serena en medio de la tormenta es un testimonio vivo de que Cristo habita en nosotros.
Por eso, no se trata de esperar tiempos mejores para vivir en paz, sino de recibir, creer y descansar en la paz que ya Cristo nos entregó. Cuando confiamos en Él, descubrimos que la paz verdadera no es ausencia de problemas, sino la certeza de Su presencia.