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La confianza que nos sostiene
Confiar es una de las decisiones más difíciles cuando las cosas no salen como esperamos. Muchas veces decimos que confiamos en Dios, pero cuando los problemas tocan nuestra puerta, descubrimos que nuestra confianza no siempre es tan firme como pensábamos.
La Biblia nos enseña que la verdadera confianza no se basa en lo que vemos, sino en quién es nuestro Dios. Proverbios 3:5-6 nos recuerda: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” Confiar significa soltar el control y descansar en la certeza de que Dios sabe lo que hace.
Abraham tuvo que aprenderlo cuando Dios le pidió salir de su tierra sin mostrarle todo el destino. Moisés lo experimentó al guiar a un pueblo por el desierto sin saber cómo serían suplidas todas las necesidades. Los discípulos lo vivieron en la barca, cuando Jesús calmó la tormenta con solo una palabra. En todos estos casos, la lección fue la misma: confiar en Dios es mejor que confiar en nuestras propias fuerzas.
Confiar también es esperar. El salmista dijo: “En el día que temo, yo en ti confío” (Salmo 56:3). La confianza no niega la realidad de los problemas, pero sí afirma la verdad de que Dios es más grande que ellos.
En un mundo lleno de incertidumbres, los cristianos estamos llamados a vivir con paz, no porque sepamos lo que va a suceder mañana, sino porque sabemos quién tiene el control del mañana. Esa confianza es la que nos da descanso aun en medio de la tormenta, y fortaleza para seguir caminando cuando no entendemos el camino.
Hoy el Señor nos invita a renovar nuestra confianza en Él. No importa lo que estés enfrentando, recuerda: quien confía en Dios nunca queda en vergüenza, porque fiel es el que prometió.